Walter García equivoca las formas. Levanta las manos como voleibolista, cuando el deporte en cuestión es el fútbol, pero nada pasa. Quien debe castigar la impunidad del arrebato del lateral mendocino silba hacia su norte mientras evita toparse con la realidad que acaba de hacer sucumbir el sur, justo cuando la guerra está por terminar y el reloj marca 86 minutos de un infame 0 a 0.
Atlético mereció su chance de hacerse del 1 a 0 desde los 12 pasos. Atlético también mereció haberse quedado con los tres puntos antes de esa jugada. Atlético, finalmente, cerró una negocio con pérdidas, porque venía de dos empates (hasta ayer buenos) fuera de casa y necesitaba apuntalar esos diminutos dos puntos con tres cosechados en el Monumental. Nada de eso pasó, aunque esta vez la culpa recae en el destino.
La Fortuna, que sí estuvo para suplir esas pequeñas fallas del que a veces se tornan gigantes, le negó el grito a Enzo Maidana en dos oportunidades; otras tantas al cantante de Simoca y quizás un puñado más a repartir entre un buen buscapié de César More, dos intentos a distancia de Barrado y Gabriel Méndez, y un cabezazo bien ganado pero desviado de Deivis.
Independiente Rivadavia no hizo nada, más allá de que no reculó sino que intentó agredir el arco de Cacace. No encontró los medios, y cuando lo hizo, chocó contra las buenas decisiones de la dupla central. Mármol y Barone, sin sutilezas ni delicadezas, barrieron el peligro a otro lugar. Lo doloroso para el anfitrión será volver el tiempo atrás y buscar la manera de cambiar el viento. Maidana había ganando entre dos y aprovechado una mala salida de Taborda. Su peinatida fue flotando en el aire. Levitando.
A lo lejos, la pelota parecía larga. A los lejos, la pelota parecía adentro. Finalmente, la caprichosa rompió en llanto y se peleó con el travesaño. Injusticia dirán aquellos que también aplaudieron la palomita de Enzo anulada por off side, en la última antes del descanso. Sin brillar, Atlético mereció mejor suerte. Baliño, en parte, se la negó.